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Comprendiendo nuestro llamamiento

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 En esta oportunidad haremos un estudio sobre el propósito del llamamiento que Dios nos hizo, con el objetivo de que cada uno de nosotros sepa la razón de nuestro llamamiento divino para formar parte de la iglesia gloriosa del Señor Jesucristo, la cual fue comprada por su sangre en la cruz del Calvario y luego de haber pagado tan alto precio, la dejó encomendada a cada uno de nosotros, para que seamos sus administradores.

¿Podemos imaginarnos el privilegio que tenemos al cuidar lo que es del Señor y continuar su obra? A veces me pregunto si somos nosotros capaces de dejar a otros el cuidado de aquello que nos ha costado tanto, y si le daremos a cualquier otra persona nuestro impecable legado para que nos represente con poderes plenipotenciarios.

Ser llamado por Dios es un privilegio, es el más alto honor que un ser humano puede recibir en esta tierra, y un privilegio aún mayor es haber sido escogido para continuar el legado más virtuoso y poderoso que hombre alguno puede obtener: continuar la obra de amor de nuestro Señor Jesucristo.

2  Timoteo 1:9:

quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.

Toda persona que ha confesado a Cristo como señor en su vida tiene un llamado a servirle. Y ese llamado es santo e irrevocable.

Romanos 11:29:

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

El Apóstol Pablo nos exhorta a que Dios “nos tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder”.

2 Tesalonicenses 1:11

Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder.

¿Cuándo nos eligió Dios para este llamamiento? Mucha gente cree que Dios los eligió para su llamamiento el día que recibieron a Cristo y esto no es cierto, ese es el día en que se materializa el llamamiento. Veamos que dice la palabra al respecto.

 Efesios 1:3-5,11-12,18

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo 

alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

Notemos lo que dice Pablo con respecto a su llamamiento:

Gálatas 1:15-16

Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia,

 revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre,

 

Jeremías 1: 5 

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

 Veamos las características del llamamiento de Dios, examinemos como ejemplo el llamamiento al profeta Jeremías. Y tomemos de allí algunos principios.

 

 Jeremías 1:4-9, 11-12, 17-19:

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:

 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

 Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.

 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.

 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.

 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

 La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro.

 Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.

 Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos.

 Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra.

 Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.

Veamos ahora las características del llamamiento:

1.      El llamamiento lo hace Dios, Él es el autor de nuestro llamamiento, Él es quien hace la invitación, Él tiene la autoridad y el poder para hacerlo.

2.       

 Jeremías 1:4

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo:

Hechos 2:39:

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

¿Quién los llama? El Señor, nuestro Dios. No somos nosotros que le hacemos el llamamiento a Él, es Él a nosotros.

Juan 15:16:

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 

2.      El llamamiento es personal:

Vemos algunos ejemplos de esto:

Jeremías 1:5:

Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

Génesis 12: 1:

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

Éxodo 3:4:

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Isaías 6:1,8

En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor [Isaías vio al Señor] sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo.

Después oí la voz del Señor, [Isaías oyó la voz del Señor] que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

Hechos 26: 14, 16

Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti.

3.      El llamamiento tiene un propósito:

Propósito de Dios al llamar a Jeremías: 

Jeremías 1:10:

Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.

Propósito del llamamiento de Abraham:

Génesis 12:2,3

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Propósito del llamamiento de Moisés:

Éxodo 3:10

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Propósito del llamamiento de Isaías:

Isaías 6:9

Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis.

Propósito del llamamiento de Pablo:

Hechos 26:16-18:

Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti

Librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío,

para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

 Y muy importante, el propósito del llamado que nos hace Dios a nosotros como creyentes, que abarca dos aspectos importantes:

En primer lugar, fuera de la iglesia. Dios nos insta a que debemos ser embajadores en nombre de Cristo:

2 corintios 5:19-20

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

En segundo lugar, dentro de la iglesia. Dios nos demanda, por medio del Apóstol Pablo, a guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz.

 2 Timoteo 4: 1-2:

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,

Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

 

4.      El propósito del llamamiento debe cumplirse a cabalidad y con fidelidad. Dios nos demanda que llevemos a cabo el propósito al que fuimos llamados, pero a cabalidad, es decir, tal como Él lo establece. Dios dice, nosotros hacemos, así funciona.

A Jeremías le fue encomendada una misión y debía cumplirla a cabalidad, no por sus propias habilidades, sino porque Dios es quien motoriza toda habilidad.

Jeremías 1:7

Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.

2 Corintios 3:5

no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios,

 

1 Corintios 9:16-17

Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! 17. Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada.

 

1 Corintios 4:1-2

Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.

Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. 

5.      La mayor responsabilidad del llamamiento reside en el mensaje y no en el mensajero, por tanto, ocupémonos de llevar el mensaje tal como dice Dios, ya que Él es el que dice y el que hace.

 

 Jeremías 1:9

Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.

2 Corintios 4:5

Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.

6.      Dios se compromete contigo en el llamamiento. Dios contigo, respaldándote en el camino de cumplir su propósito. 

Jeremías 1:8

No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.

Éxodo 3:12

Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo;

Josué 1:5

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.

Isaías 41:10

No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.

Hechos 26:17

librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío,

Juan 14:23

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.  

7.      Las acciones que tomes en el llamamiento requerirán compromiso y valentía.

Jeremías 1:8, 17:

No temas delante de ellos,

Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos…

Josué 1:9

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

Isaías 40:29

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. 

8.      El llamamiento se lleva a cabo siguiendo una visión de Dios. (Ver.  Jeremías 1: 11-14)

Colosenses 3:2:

Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

Colosenses 3:1:

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

 

                                             ¡Vivamos a la altura de un llamamiento santo!

 

 

 

 

 

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