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Sin Fe es imposible

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 Marcos 9:23

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.”

¿Todo con distinción o todo sin excepción? Ciertamente todo con distinción, dado que la voluntad de Dios según Romanos 12:2, es buena, agradable y perfecta. Así que todo lo que sea bueno, agradable y perfecto, nos es posible.

Filipenses 4:8

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”

Por tanto, es técnicamente imposible creer en negativo o para lo negativo, dado que en ese caso la palabra correcta no sería creencia, sino ausencia de creencia. Por ejemplo, creer en lo malo no puede llamarse literalmente creencia, sino falta de creencia, y si es falta de creencia no es creencia. Si uno le cree una mentira a satanás, lo que literalmente está ocurriendo, es que estamos dejando de creer en Dios, y la sola acción de dejar de creer en Dios ya pone en ventaja a Satanás. No existen términos intermedios, o usted cree en Dios, o usted no cree, y es en ese espacio, cuando usted no le cree a Dios, que satanás gana ventajas. Lo que alguien pudiera llamar creerle a satanás, no es más que la resultante de no creer en Dios.

¿Qué hay del hombre natural? El hombre natural no tiene fe, pero él puede creer, es un acto de libre albedrío, y es este mismo acto la única opción que el hombre natural tiene para salir del reino de las tinieblas al Reino de Dios. La creencia sigue siendo en todo sentido positiva, la creencia negativa no es más que ausencia de la creencia positiva.

Ahora bien, la creencia del hombre natural sirve y se usa para una sola cosa: llevarlo a la fe, porque la creencia es el único puente entre él y Dios.

Hebreos 11:6:

Pero sin fe es imposible agradar a Dios…”

Por otra parte, la creencia tiene una función determinante en la obediencia, dado que nos hace vivir conforme a los estándares de sujeción establecidos por Dios. Jesucristo fue obediente y obediente hasta la muerte, según nos dice filipenses.

Filipenses 2:8:

y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

1 Samuel 15: 22:

Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.”

Cuando un hombre deja de creer, inmediatamente deja de obedecer a Dios, y el caos toca a su puerta, los resultados se vuelven contrarios a los establecidos por Dios.

Veamos un primer ejemplo de una baja de creencia que terminó en desobediencia: Adán y Eva, ellos tenían un buen acuerdo con Dios, lo único que tenían que hacer era ser obedientes, para eso debían usar la creencia. Ellos debían creer literalmente en la Palabra que Dios les había dado en Génesis 2:17 cuando les dijo: “más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Esta declaración que Dios había dado debía ser creída para ser obedecida literalmente. Ellos peor creencia debían apropiarse de estas palabras y hacerlas su única verdad. Esto es creer. Ellos no necesitaban experimentar a ver si Dios mentía, ellos simplemente habrían de creer en la palabra de Dios. Sin embargo en Génesis 3: 4, vemos como la serpiente le dijo a la mujer: “No moriréis.”

En ese mismo instante una mujer creyente, debía responder a satanás, “mentiroso, ahora veo claramente que tu mientes, Dios es verdad y Él ya me habló la verdad, y cualquier cosa contraria la verdad de Dios es mentira, apártate de mí Satanás”.

La creencia mantiene al diablo en su lugar, es capaz de servirnos como un escudo impenetrable que apaga los dardos de fuego del enemigo. El enemigo tiene múltiples dardos ardientes para lanzarnos, pero el escudo de la fe es capaz de resistir a todos, dado que el poder de su aleación reposa en el seno mismo de los secretos del Creador. Yo no sé la composición física, ni química de la fe, pero sé que puedo acceder a ella por la infinita gracia de Dios, y asirme de ella, aferrarme con toda convicción, eso me hace un más que vencedor. Dios mismo es el forjador de ese escudo, nosotros solo tenemos que portarlo.

Creer le da autoridad, le da poder, por esta razón hemos de hablar siempre de la autoridad y el poder que da el creer. La autoridad de un creyente yace en su creencia.

Efesios 1:19

y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza,”

Marcos 11:24

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

Hasta la salvación viene por creer.

Romanos 10: 9-10

que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

Cuando yo comencé a oír enseñanzas, buenas enseñanzas, correctamente divididas, mi vida cambió, porque empecé a creer, y creer me dio el privilegio de ver las cosas que no son como si fueran, de estar quieto y reposado, sabiendo que es fiel quien lo ha prometido.

Creo que hemos venido en el nombre del Señor Jesucristo, y decretamos al este, al oeste, al norte y al sur, que somos lo que Dios dice que somos, que seremos lo que Dios dice que seremos y que ésa es la justa medida de todo lo que somos y de todo lo que seremos, y no aceptamos menos de lo que Dios ha preparado para nosotros, no aceptaremos una mentira más de satanás.

El Señor Jesucristo le respondió a satanás en el desierto según el estándar que Dios había dicho, creo que eso fue lo que le faltó a Eva y pienso que eso es lo que ha faltado hoy en día, decirle a satanás “mentiroso, escrito está, esto es lo que Dios dice mí y no hay nada más que esta verdad escrita”. Murmurar y quejarse siempre es más fácil que decir lo que está escrito.

El Señor Jesucristo siempre reprendió la incredulidad. En todos los casos donde la falta de creencia estuvo presente, el Señor Jesucristo la reprendió duramente.

Marcos 9:19

Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.”

Todos pasamos por una baja de creencia, y al hacer eso, bajamos del estándar que Dios nos exige que tengamos. Volver a creer nos sube nuevamente al estándar de Dios, a ese estándar del cual nunca debemos bajar.  Cuando bajamos nuestra creencia es cuando abrimos las puertas a las dudas, al miedo, a la soledad, a la inseguridad.

Veamos el ejemplo de Juan el Bautista:

Lucas 7:18,19

Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos,

y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?”

Momento, tengo una duda, ¿éste es el mismo Juan que ya había bautizado a Jesús? ¿Es éste el mismo que había dicho por revelación de Dios “este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”?  (Lucas 3:21-22).

La Palabra nos explica que sucedió.

Juan 1:24-34

Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.

Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?

Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; más en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.

Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.

Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.

Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.

También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él.

Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.

Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”

¿Cómo pues, este mismo Juan, un tiempo después, envía a sus discípulos a preguntarle a Jesús si él era el que había de venir o esperaban a otro?

Si yo fuera discípulo de Juan, pensaría que se está volviendo loco, pues él mismo dio el testimonio de que Jesús era el hijo de Dios, aun cuando nadie lo sabía, a él le fue manifiesto primero que a todos y por su boca se abrió camino al ungido de Jehová. ¿Dudó Juan? Si Juan dudó, la pregunta no sería ¿por qué dudo?, sino, ¿cuándo dudo? Y la respuesta es, cuando estuvo en la cárcel.

Lucas 3:19,20

Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho,

sobre todas ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel.”

Juan estaba preso, y quizás diría para sí mismo: yo he hecho todo lo que Dios me ha dicho, bauticé a muchos, prediqué a miles, he sido fiel, me metí con Herodes y lo increpé públicamente – creo que allí me pasé, debí hacerlo en privado -, pero bautice a Jesús, el Hijo de Dios… ¿Será que se olvidó de mí? ¿O será que él no era el que había de venir? Ahora que lo pienso mejor, creo que estaba lloviendo ese día que escuche un trueno y pensé que el Señor me hablaba diciendo: ‘este es mi hijo amado, en el cual tengo complacencia’, ¿llovía o hacia mucho sol? La verdad no lo recuerdo bien. Creo que para salir de dudas, le envío a preguntar a este que llaman Jesús si él es o él no es, o si puede que él sea o quizás no sea. Estoy confundido, los barrotes no me dejan ver más allá de mis narices. Estoy confundido, no sé si en verdad conocí al hijo de Dios, o era simplemente una persona más.”

La creencia es más preciosa que el oro, y es lo más valioso que puedes perder. Vivimos en una casa hecha de pensamiento, si esos pensamientos están fundamentados en la roca, la casa nunca caerá, pero si están en la arena, será grande nuestra ruina y nuestra decepción.

¿Qué hemos de hacer y cuál es el aprendizaje? Pablo nos comenta en la carta a los Romanos:

Romanos 4:17-25:

(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.

El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.

Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.

Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios,

plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido;

por lo cual también su fe le fue contada por justicia.

Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada,

sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro,

el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.”

 

Dios en Su Palabra nos ha declarado lo que hemos de hacer, ¡ahora nos corresponde CREER!

 

 

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